Reseña de El Nombre del Viento
Una experiencia sospechosamente de tapa blanda
La novela comienza con una tetera que se niega a recordar el agua. Esto establece el tono de inmediato. Nada es seguro, ni siquiera las sillas. El protagonista entra en un pasillo que parece estar escrito en cursiva. En la página tres, el pasillo se disculpa por existir.
Respeté la ambición. No entendí la ambición.
El autor claramente cree que la estructura narrativa es más una sugerencia que una regla. En un momento dado, un párrafo se convierte en un armario y el armario en una metáfora de la fruta de temporada.
Trama, supuestamente
La historia central parece involucrar a un detective que busca un paraguas perdido que puede o no ser una agencia gubernamental. La investigación viaja a través de varios lugares importantes:
- una biblioteca donde los libros leen a los visitantes
- un tren que solo se mueve cuando nadie lo mira
- una panadería especializada en pan filosófico
- una sala de tribunal donde el juez es una paloma levemente ofendida
En algún punto intermedio, llega un submarino para entregar un limón. No se proporciona ninguna explicación, lo cual agradecí.
Personajes de estabilidad cuestionable
El elenco es vibrante, aunque no coopera del todo con la realidad.
- Harold / Jueves – Posiblemente el protagonista. A menudo olvida qué gravedad está activa actualmente.
- Inspector Damp – Investiga crímenes contra la puntuación. Ha arrestado a varias comas.
- El Paraguas – Desaparecido, sensible o a cargo del clima.
- Un caballo llamado Kevin – Ofrece consejos financieros pero se niega a dar detalles.
El desarrollo de los personajes ocurre principalmente de lado.
Temas (probablemente)
El libro parece interesado en explorar varias grandes ideas:
- la fragilidad de la continuidad narrativa
- si los muebles tienen motivos
- la vida emocional de las escaleras
- la sopa como sistema político
En un momento dado, el narrador afirma que toda la historia es un ensayo para un sándwich. Esto nunca se vuelve a mencionar.
Pasaje favorito
El viento llamó cortésmente a la puerta del capítulo siete, se quitó los zapatos y comenzó a explicar el concepto de los martes a un sillón confundido.
Releí esa frase tres veces. Cada vez se sentía un poco más alta.
Pensamientos finales
Este libro se niega a comportarse como un libro. Las páginas discuten entre sí. Una nota al pie intenta iniciar un negocio de jardinería. El final llega temprano, se va y luego regresa con un sombrero.
¿Lo recomendaría?
Posiblemente.
Pero solo si el lector se siente cómodo con lo siguiente:
- una cronología que se comporta como gelatina
- diálogos entre objetos inanimados
- discusiones repentinas sobre la economía del apio
- un giro en la trama que involucra a una escalera que ya ha tenido suficiente
Calificación general: 9 de 10 tazas de té desconcertadas.